Un día de torneo de Wushu

Torneo de Kungfu en Toledo 2014

Un día de torneo de kung fu

Aquel día cuando mi hijo me dijo que quería practicar Wushu, no entendía de qué iba, lo primero que pensé, es que sería otra actividad extra-escolar que ofrecía el colegio y que abandonaría al poco tiempo.

Desde aquella vez ya han pasado nueve años, empezó a los 8, creo empezó justo cuando se desarrollaba su criterio, a decidir lo que quería y lo que no, así que lo deje ser, yo diría que lo hizo por seguir a sus nuevos amigos del cole, la verdad nunca la sabré, aunque confieso hoy día, estar agradecida.

Años después los entrenamientos continúan, dos veces por semana, la disciplina de los días de torneo, las risas cuando en eventos familiares como el cumple de los yayos, la comunión de la prima María, o cualquier ocasión que nos reúna, él decide hacer demostraciones de sus avances, o darnos la premier de lo que presentará en el próximo torneo de wushu, al principio me avergonzaba un poco, se había convertido en el friki de la familia, pero hoy en día, al verlo tan concentrado, tan apasionado por lo que hace, sólo me llena de orgullo, al ver como ha crecido, y no me refiero a estatura.

Ya no es tan peque, pero si muy disciplinado, concentrado, enfocado, yo diría que maduro, es muy controlado comparado con lo impulsivos que son hoy en día los de su edad. Estoy segura que son todas buenas las cosas que le ha aportado el Wushu, es más que un compromiso para él, ha llegado a ser su filosofía de vida, pues al cabo de los años me asombra la concentración antes de los torneos, la madurez con la que los afronta, de la cual yo creo que carezco. A pesar de toda esta disciplina, Marcos sabe que las calificaciones y su comportamiento es lo que le permitirá seguir o no, y muy pocas veces ha habido algún problema con ello, sobre todo porque ama las competiciones, eso de mostrar al mundo hasta donde puede llegar y lo que le falta, creo es lo que más le apasiona.

Recuerdo perfectamente aquel torneo en Vallecas, hará unos cuatro años, durante su exhibición de wushu con espada perdió la zapatilla, yo desde las gradas me paralicé (nosotros los padres sufrimos cada competición, como si estuviéramos en el tapiz), sentía lo mal que el lo estaba pasando, había ensayado mucho, demasiadas horas de entrenamientos junto a su profesor, además nunca se le ha dado bien lo de asumir derrotas, pensé que sería el final. Como si nada hubiese sucedido, continuó su rutina, y lo hizo a lo grande. Ese día desde las gradas, comprobé que esto era lo suyo, que lo llevaba dentro, que mi pequeño sería de esos en los que la disciplina y el compromiso son primordiales. Como madre debo reconocer que da orgullo gritar su nombre a toda voz, mientras espera su turno en el tapiz, espero por muchos años más seguir haciéndolo, quizás lleguemos a las olimpiadas, ojalá así sea y seré la madre más orgullosa del mundo si llegara a participar… y todo esto se lo debo en gran parte a su profesor o maestro que le supo transmitir todo ese sentimiento y pasión por este deporte.

 

En el presente post recreo diferentes sentires y comentarios que han llegado a mí durante los diez años en que he sido asistente e instructora de Whusu. Ellos me han llenado de satisfacción y en ellos he recibido la gratitud de numerosos padres, logrando con nuestro trabajo apoyar a la formación física y el espíritu de conducta adecuado de los alumnos que acuden a nuestro centro.

Sonia López.

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Torneo de Kung fu en Vallecas

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